La ola de calor europea de 2003 fue un punto de inflexión, no solo un mal verano. Causó un exceso estimado de unas 70.000 muertes en el continente, unas 15.000 solo en Francia, y dejó al descubierto lo poco preparados que estaban los sistemas de salud pública para un calor extremo sostenido. Siguieron dos décadas de respuesta institucional. Los veranos recientes muestran que esa respuesta es real, pero no ha cerrado la brecha.

Lo que se construyó después de 2003

A raíz de aquel verano, los planes nacionales de calor, los sistemas de alerta temprana y los protocolos coordinados entre hospitales, servicios de emergencia y servicios sociales se convirtieron en norma en buena parte de Europa. En España, el Ministerio de Sanidad puso en marcha en 2004 el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud, que se activa cada verano junto a los avisos de AEMET. Los espacios climatizados, el seguimiento de personas mayores que viven solas y los sistemas de aviso por calor proceden directamente de las lecciones de 2003.

Por qué las olas de calor posteriores siguen golpeando con fuerza

Pese a esa infraestructura, las olas de calor graves posteriores han seguido provocando una mortalidad importante, impulsada por factores que los planes originales no anticiparon del todo: olas de calor más frecuentes y más largas, una población más envejecida y con más enfermedades crónicas y una parte creciente de muertes por golpe de calor por esfuerzo entre personas físicamente activas, para las que los planes generales no están pensados.

La brecha que persiste: los casos por esfuerzo

Los planes de salud pública frente al calor están construidos casi por completo en torno al perfil del golpe de calor clásico: personas mayores, aisladas, con enfermedades crónicas. El golpe de calor por esfuerzo, que afecta a personas jóvenes, sanas y activas en minutos y no en días, queda en gran medida fuera de ese marco. Bomberos, deportistas, militares y trabajadores al aire libre dependen de protocolos elaborados por sus propios sectores, porque la evolución temporal y el tratamiento son radicalmente distintos.

Cerrar la brecha sobre el terreno

Veinte años de aprendizaje institucional conducen a la misma conclusión para los casos por esfuerzo: inmersión rápida en agua fría en el lugar, no enfriamiento pasivo ni esperar a que se active la respuesta general a la ola de calor. Equipos como la bañera de enfriamiento de emergencia Kollder, construida sobre un bastidor de acero estable con 6 puntos de apoyo y con espacio para 2 personas en inmersión simultánea, están pensados para esa brecha concreta. Más detalles en kollder.com/es/#contact.

Para saber más


Fuentes: ACSM Expert Consensus Statement, 2023, Santé Publique France, Ministerio de Sanidad (Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud), Korey Stringer Institute.

Kollder es la bañera de enfriamiento de emergencia diseñada para la estabilidad, se pliega para el transporte y tiene capacidad para 2 personas a la vez.

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